Mi reino por un caballo

Lectura y Melancolía: ¿Vicios impunes?

junio 18, 2011 · 4 comentarios

 

El otro día,  agobiado y oprimido en un vagón del Metro, trataba de buscar alivio pensando en alguno de los  placeres que la vida nos ofrece. Pero no encontraba ninguno que me pareciera digno del menor interés: ni el Vino, ni la Gloria, ni la Amistad ni la Manduca, ni el Amor ni la Conciencia de la Virtud. ¿Valía pues la pena abandonar aquellas profundidades y ascender hacia un mundo que nada inusual tenía que ofrecerme?

De repente, pensé en la Lectura, en la delicada y sutil felicidad de la Lectura. Ese placer que los años no pueden embotar, ese vicio refinado e impune, esa egoísta, tranquila y durable embriaguez. Logan Pearsall Smith.

Diccionario para hoy. Melancolía: Premonición o añoranzas de la muerte. Añoranzas: consuelo para desheredados. Eixemplo:

 

EL DESDICHADO

 

Yo soy el sucio, el quebrado, el varón amargo,

El gran tartamudo, ladrón de envidias ajenas.

Mejor hubiera sido en sombras y en callado

Que en ávida procura de brillo en la palabra

 

Sin ganas de llegar a este triste aquí he llegado;

Hacia este feo y destemplado final declina todo.

El vivir que se quiso gozo es hoy vivir en vano,

Sin copa, sin sangre, sin levedad, ni risa alguna.

 

¿Soy yo aquel a quien Alegría  y Afecto deseaban?

Todavía me duele la boca de besar poemas,

Soñaba encuentros,  abrigaba penas y versos impunes.

 

Por  alejar bullicios  soplé equivocadas distancias,

Y con  fatal  razón negué  el valor de la  intemperie,

Ahora, ya canso, me espejo en roto y en secas soledades.

 

Gérard de Nerval. Traducción libre de Martín López Navia.

 


 

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Toda la muerte por delante

mayo 5, 2011 · 16 comentarios

El anti-Lázaro

 

Muerto no te levantes de la tumba

qué ganarías con resucitar

una hazaña

y después

la rutina de siempre

no te conviene viejo no te conviene

 

el orgullo la sangre la avaricia

la tiranía del deseo venéreo

los dolores que causa la mujer

 

el enigma del tiempo

las arbitrariedades del espacio

 

recapacita muerto recapacita

que no recuerdas cómo era la cosa?

a la menor dificultad explotabas

en improperios a diestra y siniestra

 

todo te molestaba

no resistías ya

ni la presencia de tu propia sombra

 

mala memoria viejo ¡mala memoria!

tu corazón era un montón de escombros

–estoy citando tus propios escritos–

y de tu alma no quedaba nada

 

a qué volver entonces al infierno del Dante

¿para que se repita la comedia?

qué divina comedia ni qué 8/4

 

voladores de luces – espejismo

cebo para cazar lauchas golosas

ese sí que sería disparate

 

eres feliz cadáver eres feliz

en tu sepulcro no te falta nada

ríete de los peces de colores

 

aló – aló me estás escuchando?

 

quién no va a preferir

el amor de la tierra

a las caricias de una lóbrega prostituta

nadie que esté en sus 5 sentidos

salvo que tenga pacto con el diablo

 

sigue durmiendo hombre sigue durmiendo

sin los aguijonazos de la duda

amo y señor de tu propio ataúd

en la quietud de la noche perfecta

libre de pelo y paja

como si nunca hubieras estado despierto

 

no resucites por ningún motivo

no tienes para qué ponerte nervioso

como dijo el poeta

tienes toda la muerte por delante.

 

Diccionario para hoy. Muerte: cuando una causa  próxima (accidente, enfermedad, obsolescencia orgánica) da forma, en tiempo y lugar, a una causa última (la mortalidad). Mortalidad: cese de la avaricia somática. Morir: ruptura de las sinapsis entre el yo y los otros. Muerte literaria: que alguien hable bien de un autor o autora aun sabiendo que nunca va a sentir la necesidad de leer sus obras. Más allá: fantasía atemporal en cuya elaboración intervienen a partes iguales la avaricia, la nostalgia y el cuerpo. Eixemplo: poema del post escrito por Nicanor Parra en 1981


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El Alma de la Crítica

abril 14, 2011 · No hay comentarios

Un modelo de crítica farmacológica.

En ocasiones, la capacidad de fabular de un crítico implica la construcción de, por un lado, verdaderas fantasías críticas y, por otro lado, “alucinantes” composiciones intercambiables en función del libro criticado. Se trata de textos vacíos de sentido en función de su ambigüedad interna a los que es posible asignar significaciones diferentes en función del texto. No se trata realmente de críticas literarias sino de constelaciones en torno al libro publicado. Un ejemplo reciente de esta tendencia alegórica de los críticos: la reseña que J. M. Pozuelo Yvancos dedica al último libro de Javier Marías, Los enamoramientos. E insisto: alegoría —al modo benjaminiano— como modo de vaciar de sentido un objeto para que pueda significar cualquier cosa. Escribe Pozuelo Yvancos: “Lo primero que sorprende a cualquier lector [de este libro] es que algunos de los temas allegados (la envidia, la iniquidad que queda impune, la exención de la culpa de un delito por su delegación en intermediarios, la memoria que deja en los vivos la muerte de un ser querido), estando ahí siempre, parece que, cuando Marías los trata, estuvieran esperándolo, como si nadie los hubiera dicho antes”. La dificultad de establecer una medida coherente de esta “espera” es evidente. ¿Esperar? ¿Cómo te esperan? O leyendo entrelíneas: los temas son los de siempre, pero… Es cierto, lo que más llama la atención es la idea de “la espera” y del estar “allegados”. La simple idea de un escritor que es esperado por sus temas para que estos —los mismos de siempre— sean maquillados de nuevo resulta extraña. En realidad quizá asistimos a un proceso retórico donde la ambigüedad crítica tiende a favorecer tanto al crítico como al escritor que, con el uso de estos procedimientos, queda ya perfectamente encerrado —si no lo estaba ya— en una urna de cristal a prueba de cualquier bala crítica. Un escritor al que le esperan los temas es un escritor fuera de toda lógica literaria, fuera de todo sistema artístico. No sólo es esperado sino que además es lo “primero que sorprende”. Es por ello que acto seguido, el propio crítico, reconduce la situación y añade: “Ciertamente no de la misma forma”. Ese no de la misma forma es donde el crítico asienta la posibilidad de una variación, pero dicha variación no es más que un sentido difuso, creo, de una pretendida trascendentalidad o pseudofilosofía. Por ello señala que Marías no trata esos temas de siempre “con ese laboreo incesante del pensamiento que queda suspendido, se inicia primero tímido, y se va acrecentando conforme la novela avanza, hasta ofrecer finalmente todos sus matices”. Hagamos recuento: son los temas de siempre, nos los trata de igual modo, sino que como niños huérfanos le esperan, lo que implica una sorpresa para el lector. Ahora bien, no constituyen un pensamiento que queda suspendido [sea eso lo que sea], además de que como en un cortejo esos temas de siempre [que lo esperan pero que no quedan suspendidos] se inician tímidos para mostrar, finalmente, todos sus matices. El trasfondo de estas palabras no queda establecido ni ejemplificado en la crítica. ¿Qué quiere decir? ¿Cómo se identifica esto textualmente? En realidad no hay tal crítica sino un proceso de aceptación de los presupuestos de Marías que por lo tanto desactivan la crítica como tal. O dicho de otro modo: ¿de qué está hablando? ¿De un pensamiento que no se suspende sino que se somete al peso de la gravedad? ¿De una caja llena de temas a la espera? ¿De una novela? ¿No es más bien un prospecto que una crítica? Pero avancemos. El párrafo siguiente, que se inicia bajo el manoseado epígrafe “El espejo del alma”, es muestra de esa forma alegórica de crítica intercambiable. Escribe: “Iniciado en scherzo, como los motivos beethovenianos que tanto gustaron al Brahms de cámara, y desde un resquicio casi imperceptible de lo cotidiano, va sometiendo Marías ese motivo a todas sus variaciones, hasta entregar al final de la novela el espejo del alma humana en el que el lector se mira y se reconoce”. Este fragmento es paradigmático y clave. Es decir: los temas —de siempre— son transformados para ser de nuevo los de siempre: (una sospechosa concepción de) lo cotidiano, espejo del alma, lector que se mira y se reconoce… Si la palabra “Marías” fuese móvil podríamos poner en su lugar cualquier otro nombre de siglos pasados y de condición diferente y tendríamos otra crítica con iguales caracteres. [Por ejemplo: “desde un resquicio casi imperceptible de lo cotidiano, va sometiendo Corin Tellado ese motivo a todas sus variaciones, hasta entregar al final de la novela el espejo del alma humana en el que el lector se mira y se reconoce”.] Esta cuestión de saber tratarlo de otro modo la vuelve a justificar en el siguiente epígrafe: “Altas dosis de intriga”. Escribe: “Cuando todo parecía que iba a ser de un modo se inicia un gran cambio”. En realidad esa podría ser una definición intuitiva de trama. En este sentido, se ve impelido a añadir un elemento elevado, de altura teórico-literaria, que justifique la simplicidad de su definición anterior, o mejor dicho, que blinde las posibles críticas al autor. Ese “gran cambio”, esa “intriga”, se inicia “como si fuera un adagio en una estructura dialógica entre las voces del piano y el violín”. Intriga, pero con adagios, pianos y violines, y estructuras dialógicas. En esto la narradora y Díaz-Varela —apostilla el crítico— van desvelando “los insondables pliegues del crimen”. Pero eso no es todo: “todavía dará la novela otro vuelco que no me perdonaría el lector que revelase”. Además, otra cuestión a tener en cuenta en esta revisión de los temas que estaban-ahí, a la mano, para ser curados, es que esta novela “se lee así toda ella sin poder dejarla, como una apasionante indagación, con altas dosis de intriga, en los recovecos del alma humana”. Este fragmento es otra muestra de ese proceder retórico: no se puede dejar de leer, pasión, indagación, intriga, alma… ¿No podría ser perfectamente éste el texto de solapa de una de esas antiguas novelitas de vaqueros o de Danielle Steel? [Unas cuantas veces se repite la expresión “alma humana” en la crítica]. En realidad, quizá, no estamos ante una crítica sino ante el proceder (farmacológico) de una crítica descontextualizada y básicamente inane. Eso lo demuestra el final de la reseña, donde el crítico, tratando de llegar con la lengua fuera en la escritura de una crítica en la que se ha propuesto descriticar o preescribir (y en la que tiene que llegar a un mínimo de caracteres con o sin espacios), concluye: “y todo se hace con un manejo de los condicionales, los subjuntivos, el lujo del idioma en sus tiempos y verbos más ricos para que la gran literatura aparezca otra vez aquí con su rostro verdadero”. Notablemente cansado de esta escritura (y presumimos que del libro que está criticando) nos advierte del uso de condicionales y subjuntivos en el libro.

 

Resumen de lo leído: Los enamoramientos es una novela que trata de temas que están “ahí desde siempre”, en la que se piensa mucho de modo grave (no en suspenso(¿?)), en la que se habla mucho del alma humana (en la que uno se puede reflejar) y sus recovecos, donde hay “insondables pliegues” y pasiones en torno a un crimen y donde se manejan condicionales, subjuntivos y tiempos verbales a lo largo del libro con mucho lujo y boato, apareciendo aquí -dado que es “gran literatura”- “con su rostro verdadero”. http://albertosantamaria.blogspot.com/

Diccionario para hoy: Critica literaria española: ERROR NOT FOUND.

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Negra sombra

abril 11, 2011 · No hay comentarios

Creo que tengo derecho a hablar sobre el paro, es más, creo que tengo derecho a hablar sobre el paro perpetuo. Destruye. Destruye la situación actual y destruye la falta de expectativas, los nulos horizontes, lo que vendrá después, y después, y después.

Los trabajadores no saben nada sobre el paro. Suponen que, estando en un “escalón superior”, han hecho algo para merecerlo que los demás no. Se permiten hablarte de forma paternalista, dar consejos que resultan humillantes. Cuando en este país todo se consigue por enchufe, o, más minoritariamente, por empatía subjetiva o por azar. ¿De qué estoy hablando? Si el enchufe es el mecanismo oculto de organización de esta sociedad que explica casi todas las cosas, la empatía subjetiva es el encaje en lo que quiera que se defina por españolidad. El azar significa azar. Un fenómeno raro. El azar es mi esperanza de entrar a formar parte algún día de la rueda de la esclavitud laboral, lo que deseo con todas mis fuerzas. Claro que de eso hasta me excluyen por “viejo”, aun faltándome 35 años para la edad de jubilación oficial.

Vivo en el agujero negro de Europa. Nadie protesta y los que se quejan lo hacen por los motivos equivocados. Una vez, en una manifestación en 2003, llevaba el megáfono en la mano y empecé a gritar: No existimos. NO EXISTIMOS. Entonces no estaba en paro, pero quizá intuía ciertas cosas, procesos, realidades.

Vivo en el agujero negro de Europa. Los trabajadores no saben nada sobre el paro. ¡Nada! Absolutamente nada. http://throwemtothelions.blogspot.com/

Diccionario para hoy*. Paro: punto muerto entre un antes (Quien no ha vivido antes de la Revolución desconoce las delicias del vivir.) y un después (Después, yo no sé si hay después.). Paro laboral: efecto del despido (Te digo adiós y acaso te quiero todavía). Despido: acción de dar el finiquito (Adiós amor que te vaya bien, que te mate un coche que te pille un tren). Finiquitar: impartir la extremaunción laboral (Bien pagá, te llaman la bien pagá, porque tus besos compré)) Parado: zombi postmoderno (y cada día me acuesto más sólo, más oscuro y más despierto y ya solo tengo por cierto que voy para muerto.) Paro empresarial: dieta de adelgazamiento para eliminar acidez sindical (Na te pío, na me llevo, entre estas paredes, to te lo dejé)  Paro estructural: cuando el empresario se lava las manos. (Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio).   Ejercito de reserva: La noche de los muertos vivientes. (Dime si esta noche tu te vas de ronda como ella se fue) Esquirol: el roto que se utiliza para tapar un descosido (Y si ella me engaña, primero la mato a ella y luego me mato yo). Paro perpetuo: ver post (Y si después de la muerte , llaman a despertar, amí que no me despierten)


* agradecimientos: Tayllerand,  Orfeo negro, Buesa, Orquesta Ribadeo, La bien pagá, Manuel Alcántara, Noche de ronda, Luis Mª Brox, Manuel Alcantara again.

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Sin comentarios

abril 5, 2011 · 2 comentarios

Comentario al post anterior:

Quiero hablar del libro recomendado, de “Olivo roto…” de Teresa Aranguren. Hace falta una rara (hoy) honestidad intelectual para escribir un libro como ése. Y una falta de ambición (en el sentido de disponibilidad para la impustura y el sometimiento) literaria de esas que una empieza a sospechar que sólo son ya posibles en quienes no son, o no han querido serlo antes, escritores/as de profesión. Hay que tener mucho valor contra-corriente para escribir un libro como ése, en el que los buenos son buenos y los malos (aunque a ellos no se les dé más retrato que el de la infamia de sus hechos, porque a los malos sí basta conocerlos por ellos) son malos. Un libro simple, puro, anterior a la codicia literaria de los escritores establecidos. Porque no es la verdad la que cuentan los escritores establecidos: que todas las guerras son iguales, que todos los bandos son asesinos, que todos los malos son también a su modo buenos y que todos los buenos son, a su manera, si pudieran, malos. Y no es verdad, por eso, que necesitemos más libros de ellos que vengan a decirnos esto, porque, por muchos que escriban contándonos que la razón estaba repartida por igual en los dos bandos, siempre habrá una Aranguren que, con uno solo, nos devuelva a la lucidez de darnos cuenta de que eso ni es así ni ha sido así nunca. Eso no ha sido cierto jamás, pero los escritores se han o nos hemos metido en un berenjenal del que ahora nos cuesta salir. Nos dio hace un siglo por establecer que toda realidad que contemos ha de ser equidistante entre todos los fuegos conocidos y completa (en el sentido de repleta de dosis idénticas de razones de unos y de otros, con sus idénticas y sopesadas valoraciones). Y así, un personaje “completo” (rico) es aquel que muestra al mismo tiempo (y casi preferiblemente en la misma página) su lado bueno y su lado malo, o su lado estúpido y su lado inteligente, de modo que nuestro trabajo acaba siendo ése: dotar a la historia, aunque sea fantaseando, de una sensación de completitud ! que nos la haga inocua, igualando a los protagonistas y haciéndonos así imposible imaginar que pueda haber personas o conflictos de una maldad intolerable. Sin embargo, la señora Aranguren se las arregla más sola que la una (y peor que sola, me temo: sola y contra fuerzas terribles de la crítica literaria, igual de establecida que los escritores establecidos) para escribir un libro deslumbrante, bellísimo y anterior a la pérdida de referentes en la que nos estamos perdiendo todos. Ya no sabemos resistir ni resistirnos. Nos tienen acogotados. Por eso es un respiro leer algo tan bueno y tan inusual. ¿Qué cómo se las arregla esta señora para hacer algo tan bueno, estando tan sola y contra el huracán? Pues muy sencillo: cuenta lo que ve y lo que siente y lo que sabe ella (y cualquiera con dos dedos de frente y un gramo de corazón menos un escritor establecido): que no todas las guerras son iguales, ni todos los bandos tienen razón ni todos los malos son buenos disfrazados para o por la ocasión. Y ella habla sólo de los buenos, hablar, habla sólo de los buenos, de los que no tienen voz. ¿Y los malos? Es que a los malos no los trata, ni bien ni mal, no los demuestra, porque no necesitan demostración, se limita a mostrarlos. Basta con mostrarlos a través de sus hechos, decía yo antes, porque he aprendido de ella que es “literariamente perfecto”. Ella no se para a infantilizar al personal con la idea (por otra parte evidente) de que toda persona mala tiene un lado bueno. Es que ni se para. No hace falta. Eso he aprendido, que no hace falta. Ella no es escritora “para eso”. Para eso están el resto de escritores (guerracivilistas, por ejemplo) cuyos éxitos padecemos. Por eso, mientras ellos escriben libros muy “completos”, Teresa Aranguren escribe sólo libros muy buenos. Tan buenos, que te levantan de la silla en la que estás leyendo y te sacan a la calle con ganas de dar gritos… y hasta golpes certeros a la cabeza de los malos y de los malos libros. Muchísimas gracias, señora.

Una lectora.

 

Diccionario para hoy. Ambición: “sentido de disponibilidad para la impostura y el sometimiento”.

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Manías

marzo 27, 2011 · 3 comentarios

Manías, muchas manías. El escritor, como todo artista, no está exento de ellas. Hay quien no puede escribir con tinta porque su nerviosidad le haría atravesar mil veces el papel con la pluma; otros, no saben con lápiz porque los trazos resultan débiles y creen que no los marcan bien; hay quien no tolera la máquina, porque necesitan pensar apoyando la cabeza en la mano izquierda y, mientras redondea una frase, ha de estar mordiendo el mango del cortaplumas.

La máquina se va imponiendo poco a poco, muy poco a poco. Es fácil adaptarse a la máquina para escribir un artículo periodístico, una información de actualidad o una novela blanca. Los autores de enjundia miran la máquina como algo absurdo para escribir obras de filosofía, grandes novelas o versos ¡Sobre todo versos! ¿Quién es capaz de escribir a máquina versos, que la inspiración dicta rápidos y que se retocan, cambian, substituyen y pulen cien veces?

…Y la obra, en cuartillas blancas o coloradas; escrita a mano o a máquina; de puño y letra del autor o puesta en limpio por el amanuense; escrita en unas noches o en varios años, tiene ya, luego de un espacio en blanco, una palabra: Fin.

El autor consagrado envía a menudo sus cuartillas sin cuidar siquiera de releer la obra para enmendar posibles equivocaciones. Ya las corregirá, quizá, en las pruebas de imprenta. Las envía con tachaduras, con borrones, con manchas. Es igual. Sabe que esas cuartillas pasarán rápidamente por las manos del editor y desaparecerán muy pronto substituídas por tiras impresas.

Pero es  escritor novel… ¡Ah! El escritor novel duda de ver impresa su obra, y, por si acaso, la pone en limpio amorosamente; le añade una portada diseñada con esmero; procura adornar las cuartillas, darles la más clara y elegante presentación, sujetarlas por capítulos, ligarlas todas juntas con unos cartones protectores… Y así, o de la descuidada manera que hizo el autor consagrado, el futuro libro va a la editorial. Jacinto Mª Mustieles. La vida del libro. Edición de la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. 23 de Abril 1934. Ilustraciones de Joan D`Ivori.

Diccionario para hoy. Guerra: Es la continuación de la tasa de rentabilidad por otros medios (más guarros). Guerra de liberación: la que tiene lugar contra aquellos cuyo negocio consiste en salvarnos. Guerra de liberació imperialista: ocupación de la plaza pública ajena para ir construyendo la plaza del mercado propio. Guerra sucia: consiste en limpiar a fondo el negocio procurando que lu sangre no salpique el escaparate ni los tenderetes del mercado. Guerra preventiva: antes de entrar deben salir. Guerra relámpago: ves luz sin llegar a oír el trueno. Guerra olvidada: Alfonso. Guerra de posiciones: lista de libros más vendidos. Guerra santa: cada uno contra cada uno y dios contra todos. Guerras justas: el humanismo como prevaricación. Eixemplo o libro recomendado: Olivo roto. Teresa Aranguren Edit Caballo de Troya.

 

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El buen soldado

marzo 17, 2011 · 7 comentarios

Si de autor en autor fuéramos preguntando por qué han escrito cada libro, nos asombraríamos de las respuestas tan diferentes; muchas, tan insospechadas; algunas, tan absurda.

En general, el autor escribe sus libros porque siente una necesidad imperiosa de escribirlos. Se nace escritor como se nace político. Y si el político necesita pronunciar un discurso por día, el escritor necesita escribir libro tras libro para calmar su inquietud espiritual. Tan es así, que algunas veces el autor escribe a sabiendas del escaso valor de su obra.

Se escribe por temperamento; pocas, poquísimas veces por vocación. La vocación por si sola, no basta en este terreno. En cualquier otra actividad de la vida la vocación puede obligar a la voluntad. Aquí, sin temperamento fracasa la mejor voluntad.

Todos hemos conocido muchachos que en su época escolar escribían versos, fundaban revistas universitarias. Andando el tiempo, aquellos incipientes literatos han sido los ingenieros, los médicos o los empleados que sólo han tomado la pluma para hacer números o recetas o estadísticas.

Estos hombres no tenían temperamento de escritor. De haberlo tenido, habrían visto que la afición se les convertía en un imperativo.

Hace unos meses, en el parlamento español, en el debate político que ocasionó la dimisión del primer gabinete Lerroux, el ex presidente Azaña fue acusado de ambicioso. Y Azaña dio una respuesta que es la terminante confirmación de lo que venimos diciendo: “Ambicioso yo –dijo textualmente-. ¿Puede llamarse ambicioso a un hombre que ha pasado cincuenta años de su vida escribiendo libros que o interesaban a nadie, ni siquiera al que los escribía?”

Evidente. Si este escritor hubiera sentido ambición, no habría continuado cincenta años por un camino al que nadie volvía los ojos. Y si sus libros no interesaban a nadie, ni a él mismo, ¡por qué los escribía? Por el imperativo del temperamento. No hay otra respuesta.

Todavía más elocuente es el ejemplo de miles de escritores mediocres que, pobres y apenas conocidos, siguen escribiendo a sabiendas de que nunca saldrán de su pobreza y de su mediocridad. ¿Por qué escriben, pues? ¿Tan inútiles son para cualquier otra cosa? ¿Tan desgraciados que nadie les tiende la mano? ¡Oh, no! El escritor, como el buen soldado, entra en fuego porque su espíritu le ha llevado a la pelea. De no empujarle su espíritu, correría hacia atrás. Sabe que en aquella batalla llegarán unos a generales y quedarán, otros, muertos bajo los pedruscos de las trincheras deshechas. Pero no lo piensa. Ya no le importa ser de aquellos ni de estos. Si cae en el anónimo, será el mayor héroe ¿Soldado desconocido cuya sola evocación hará bajar la cabeza al mundo!   Jacinto Mª Mustieles. La vida del libro. Edición de la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. 23 de Abril 1934. Ilustraciones de Joan D`Ivori.

 

Diccionario para hoy. Borde, (física): dícese de aquél punto o línea donde una dimensión desfallece, muere o muta: “Qué oscuro el borde de la luz donde ya nada reaparece”. J. A. Valente. Borde, (psicología): personalidad dada al egoísmo o narcisismo brusco: ¡¡¡ A mí no me grites!!! (ver: cardo, impropio amor propio, ira muda, soberbia). Borde, (literatura): estilo propio de quien utiliza lo tremendo como reclamo ideológico o como estrategia de seducción para lectores masoquistas, hoy tan abundantes: ¿quién coño os lee, quién coño os compra, a quién le importáis ni tanto así; cómo habéis llegado a mis manos y, mayormente, qué coño voy a hacer con vosotros mecagoenlaputaLector mal-herido. Borde, (crítica literaria): crítico dado a ásperos argumentos con los que empujar el texto reseñado hacia el borde del abismo literario:  Hay una cosa que nos molesta especialmente del libro y es la felicidad boba que parece mostrar. No estamos hablando de una mirada infantil sino de infantilismo. Crítica poética. Bordéz (general): marcharse dejando el malentendido propio en boca del ajeno: ¡Ahí te quedas, tía! Bordado: estilo literario propio de quien hace encajes metaliterarios: (la prosa poética, en efecto, de quien ustedes se están imaginando.

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Criticancias

marzo 9, 2011 · No hay comentarios

Las inimitables tragedias de Racine fueron todas muy criticadas, y muy ásperamente; y ello porque fueron sus rivales quienes tal hacían. Los artistas son los jueces más competentes que hay en arte, esto es verdad; pero estos jueces tan competentes están casi siempre corrompidos.

Sería excelente crítico un artista que fuere muy culto, de gusto depurado, sin prejuicios y sin envidia. Pero esto es muy difícil de encontrar. Voltaire, Diccionario Filosófico

 

Diccionario para hoy. Críticar: afear en voz alta los malos modales en la mesa de algún comensal en lugar de  ponderar la calidad o cantidad de las viandas. Crítica literaria: institución abierta (“Dame un blog y moveré el mundo… literario”), lábil (“Do están los críticos de antaño”) y líquida (“Nunca te bañaras dos veces en la misma crítica”) que agrupa en su ajado seno, cooptados por razones que van desde el azar al amiguismo, a los ejercientes de la acción de criticar los malos modos literarios. Crítica clásica: “una de las obras maestras de esta semana”. Crítica postmoderna: es una Quimera. Criticón: crítico enfadado con el mundo literario. Critiquillo: listillo que juega al aquí te pillo a ver si un bolo por  fin pillo. Crítico: actualmente en estado crítico.

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Focos de debate en homenaje

febrero 26, 2011 · 1 comentario

 

67) TRES FOCOS DE DEBATE PARA UN ENCUENTRO DE POESÍA POLÍTICA.

 

El 1º hace referencia a las estrategias retóricas, y en gran parte se establece en los posicionamientos que cabe adoptar entre las ventajas y las limitaciones de los diversos Realismos.

El 2º hace referencia a los efectos deseados sobre la conciencia del lector, y en gran parte se pensiona entre las posibilidades de la sugestión y las del extrañamiento, entre identificación y distanciamiento.

El 3º hace referencia a los modos de producción y socialización del objeto-poema, y en particular se pregunta por la idoneidad de qué espacios favorecen la comunicación

Las conexiones del poder con lo real constituyen la base de los tres debates anteriores.

Enrique Falcón. Las prácticas literarias del conflicto. Edit La oveja roja.

 

Diccionario para hoy. Poesía política: la poesía que mira lo que hay que mirar. Eixemplo:

 

Ponte de lus, carbón, pólvora e ollos

negros de nenos mortos cravados nas salas do pazo.

Ponte de corazón, ladrillo, fósforo

con cincocentas espiráis pra lle chegar ao verde cume i escusadas sedas.

 

Ponte de mar, estrondo, primavera

e mans estremecendo o vaso, amante, no que cantan as sedes doutro tempo.

 

Ponte de contemplar, amor, antigamente

e docísimamente e perder coma vidas vellas e tirar coa chaqueta cada día.

 

Ponte de ponte; ponte, amiga, en ponte

estrangulando o río no que muxo e urro con carballos, follas.

Ponte para sair a saia nova

e, tán cursi polo xardín, naceranche nos ollos lúas, vésporas e un xarriño de mel.

 

Ponte de costas, natural e lume

negro polo baixío conmoveráche os dentros con arruallo vivo sen vivir en min.

 

Ponte de pel de añuca, de croíño, de hombreiro,

penedo do crepúsculo, atal como unha caixa de músicas ou cerdeiras

 

Ponte de frío, ponte estatuaria

e cada embate será líquido inmóvil, abril de xade, nódos de alabastro.

 

Ponte de recurrir, ponte de língoa

e unión, trebón, carne polo discurso, verbas coma peñascos orballados.

 

Ponte de viño, en fin, e de cabazo

e teñamos, amor, amor, unha fogata candeal e ollos pra fitar o lume bo e a morte,

 

Xosé Luis Méndez Ferrín.  Posturas pra copular en homenaxe.

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Honores

febrero 17, 2011 · 5 comentarios

3 de julio, 1997

Jane Alexander, Directora

Fundación Nacional de las Artes

1100 Avenida Pennsylvania

Washington, D.C. 20506

Querida Jane Alexander,

Acabo de hablar con un joven de su oficina, quien me informó de que se me había elegido para ser una de las doce personas que recibirían la Medalla Nacional de las Artes en una ceremonia en la Casa Blanca en otoño. Le dije enseguida que yo no podía aceptar tal galardón del Presidente Clinton o de la Casa Blanca porque el significado mismo del arte, como yo lo entiendo, es incompatible con la cínica política de esta administración. Quisiera aclararle el significado de mi rechazo.

Cualquier persona familiarizada con mi obra desde el inicio de los años sesenta en adelante sabe que yo creo en la presencia social del arte –como algo que rompe el silencio oficial, como voz para aquellos y aquellas cuyas voces son ignoradas, como un derecho humano innato. A lo largo de mi vida he visto movimientos por la justicia social ampliar el espacio del arte, el poder del arte para romper la desesperanza. En las dos últimas décadas he sido testigo del impacto, cada vez más brutal, de la injusticia racial y económica en nuestro país.

No hay una simple fórmula que relacione el arte con la justicia. Pero sé que el arte – en mi caso el arte de la poesía- no significa nada si simplemente decora la mesa para la cena del poder que lo mantiene rehén. Las radicales disparidades de riqueza y poder en Norteamérica se están agrandando a una velocidad devastadora. Un presidente no puede rendir honores de manera significativa determinados artistas elegidos simbólicamente mientras la gente, en su mayor parte, está tan deshonrada.

Sé que usted se ha comprometido en una lucha seria y desalentadora para destinar subvenciones del gobierno a las artes, oponiéndose a aquellos cuyo miedo y sospechas del arte son abiertamente represivos. Finalmente, no creoque podamos separar el arte de la dignidad y esperanza humanas en general. Mi preocupación por mi país es inseparable de mis preocupaciones como artista. No podría participar en un ritual que me parece tan hipócrita,

Sinceramente,

Adrienne Rich. Traducción de Mº Soledad Sánchez Gómez.

Se envía copia al Presidente Clinton.

Diccionario para hoy. Géneros Literarios (II). Ab honorem: discurso con que el poder público o privado celebra la mansedumbre de quienes aceptan el honor que el poder les otorga. Congratulio: pieza oratoria en la que el corrupto loa y agradece a sus corruptores el haber sido corrompido. Microrrelato: producto de la fecundación in vitro, apadrinado por Augusto Monterroso, entre el haiku y el chiste. Nouvelle: cuento largo al que la editorial le echa mucho cuento y cuerpo tipográfico para justificar un PVP rentable. Laudatio: venid y vamos todos con reseñas  a Marías. Reseña: si el gusto que gusta mi gusto gustase a tu gusto. Divertimento: pieza narrativa ocurrente con que el autor o autora disculpa su búsqueda de una recepción comercial más exitosa. Loa: encomio retórico con el que beneficiario rinde pleitesía al firmante de los cheques. Sainete: la espada de Arcadio contra el enemigo que lo cerca. Epitalamio: correspondencia pública entre Luis García Montero y Joaquín Sabina.

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→ 5 CommentsCategories: Caballo de Troya
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