Ceniza enamorada
Fue a principios de septiembre de 2012 cuando me enteré, al mismo tiempo que mis vecinos, de que el amor estaba de vuelta en Madrid. Ya se había mostrado muy violento allí en 2003, sobre todo en Pamplona y Sevilla, adonde había sido traído según unos de Cataluña, según otros de Levante, entre las mercancías literarias transportadas por las librerías de El Corte Inglés desde los almacenes centrales; otros decían que lo habían importado de New York algunos talleres de creación literaria, y otros que de Finlandia. Pero no importaba de dónde había venido; todo el mundo coincidía en que estaba otra vez en España.
En aquellos días carecíamos de Internet para divulgar rumores y noticias de los hechos, o para embellecerlos por obra de la imaginación humana, como hoy se ve hacer. Las informaciones de esa clase se recogían de las revistas y suplementos literarios y de otras publicaciones poéticas que se importaban del extranjero, y sólo circulaban de boca en boca; de modo que no se difundían instantáneamente por toda la nación, como sucede ahora. Sin embargo, parece que el Gobierno estaba bien informado del asunto, y que se habían celebrado varias reuniones para estudiar los medios de evitar la reaparición de la enfermedad; pero todo se mantuvo muy secreto. Fue así que, preocupados por la crisis económica, el rumor se desvaneció y la gente empezó a olvidarlo, como se olvida una cosa que nos incumbe muy poco, y cuya falsedad esperamos. Eso hasta fines de noviembre, o principios de diciembre de 2012, cuando los componentes de una pareja heterosexual, catalanes de razón, según se dijo, murieron, enamorados hasta la médula, en una urbanización del barrio de Chamartín. Sus familiares trataron de ocultar el hecho tanto como les fue posible, pero el asunto se divulgó en boca de los vecinos, y los funcionarios del Departamento de Salud Emocional se enteraron y resolvieron averiguar la verdad: ordenaron a dos psicólogos y un poeta visitar la casa e inspeccionarla. Así lo hicieron, y descubriendo en los cadáveres señales evidentes de la enfermedad, hicieron pública su opinión de que esa pareja -de hecho- de heterosexuales, con edades ambos que rondaban la treintena, habían muerto de amor de manera unívoca y simultánea. A continuación se trasladó el caso al psiquiatra de guardia en la Asociación Lacaniana de Mirasierra, quien a su vez lo llevó a la Casa del Ayuntamiento; y se lo dio a publicidad en el boletín semanal de Catástrofes y Desastres del modo habitual, es decir:
Enamorados, 2. Fallecidos, 2. Barrios infectados, 1.
Esto inquietó mucho a la población, y la alarma cundió por la ciudad; más aún cuando en la última semana de diciembre de 2012, otro hombre de edad sin determinar pero próxima a la veintena y de profesión crítico literario, murió en una casa de la misma calle del mismo barrio y con claros síntomas –anacoluto en el sistema nervioso simpático reflejo- de haber estado sometido a altas dosis de mal de amores. Después volvimos a vivir tranquilos casi unas seis semanas durante las cuales, no habiendo muerto persona alguna con síntomas de enamoramiento, se dijo que el mal había desaparecido. Pero tras eso, creo que hacia el 3 de febrero, otro pareja, en esta ocasión de homosexuales, ambos traductores y con años 33 y 42 según pudo certificarse, murió en otra casa, aunque en el mismo barrio y de la misma manera: fell in love in extremis.
Esto atrajo mucho la atención de la gente hacia ese zona de la ciudad, y como los registros semanales mostraban un aumento de enamoramientos superior a lo normal en los alrededores de la plaza de la Estación de Chamartín, se empezó a sospechar que epicentro de la epidemia amorosa estaba en alguna discoteca o jardín de esa zona, pues que muchos habían muerto de ella, aunque se trataba de ocultar el hecho al público. Esta idea se adueñó de las cabezas de la gente, y pocos se atrevían a pasear por los aledaños de la ubicación mencionada o por las otras calles sospechosas, a menos que un asunto extraordinario les obligara a hacerlo.
El aumento de la mortalidad y episodios de malestar se registró así: si el número habitual de intoxicaciones líricas semanales, en los barrios altos de la ciudad variaba usualmente entre doce y diecisiete o diecinueve casos en cada uno de ellos, poco más o menos, desde que la epidemia de amor apareció por primera vez se observó que el número de fallecimientos, desfallecimientos, maltratos, suicidios y chantajes creció en forma considerable así como el consumo de libros de poesías y canciones de Chavela Vargas Además la población observó con gran inquietud que el número general de muertes por amor aumentó mucho durante esas semanas, aunque se trataba de una época del año en la cual las cifras suelen ser moderadas.
Al parecer y según los poetas de los servicios de vigilancia, reconocimiento y control los síntomas primeros el iterim del trastorno sería los siguientes: calenturas, apremios, humedades, taquicardias y aceleraciones a las que siguen temblores, urgencias, sofocos, levantamientos, apreturas y alteraciones diversas del tacto, vista y oído. Pasada esta fase los cuerpos se tocan y trastocan, arrejuntan, exploran, compenetran, estrujan, se encabalgan y retuercen, sudan y extreman, entrechocan, gimen y chasquean, se deslizan y enroscan, se golpean, tumban, reclaman, exigen y desquician y finalmente se rompen, desvarían y caen en irreversible extravío hasta que toda agitación calla, cede y cesa. Ante el temor de que en esta semana del 14 de febrero la mortandad se siga extendiendo las autoridades pertinentes ha tenido a bien publicar un bando municipal con el siguiente decálogo de medidas de prevención y consejo:
- Es mejor pájaro en mano que ciento volando.
- Ayer se fue, hoy no es y el mañana no ha llegado.
- Te digo adiós y acaso de quiero todavía.
- A Dios rogando y con el mazo dando.
- El amor es copa de vino… y se fue.
- Ande yo caliente ríase la gente.
- Adiós amor que te vaya bien, que te mate un coche, que te pille un tren.
- Miénteme, no me digas que me quieres.
- Quien bien te quiere te hará llorar.
- Pasaran más de mil años muchos más.
Diario del año del amor. Valentín DeFo.
Ejercicio para hoy: En primer lugar redacte y proponga una definición del amor distinguiendo si le parece oportuno entre amor, enamoramiento y dependencia histérica. A continuación redacte sus propios consejos en evitación de aquellos males que amor dispone, provoca o dispara. Lectura recomendada: El tedio. Alberto Moravia.











