L’intelligence de l’art.
El Arte, ya como actividad ya como patrimonio o acumulación, nace ligado al excedente, al tiempo “libre” y en consecuencia es contracara de las plusvalías arrebatadas que todo excedente esconde y de ese tiempo ajeno que el reloj social transfiere a favor de los artistas en tanto productores no sometidos al tempo mercantil general. De ahí que el Arte se presente socialmente como un privilegio, lujo material o “espiritual, que detenta capacidad propia tanto para autodefinirse: “yo soy lo que soy” como para incubar determinados conceptos: espíritu, belleza, estética, que cultiva – cultura- y utiliza para su provecho y legitimación. Por cuanto por su transcurso o urdimbre es “tiempo requisado” gusta disfrazarse de intemporalidad y, en razón de la violencia que la creación de todo plusvalor obliga, rechaza de manera abrupta cualquier afinidad o relación con lo político, reclamando, cuando adopta tonos humildes, su condición de azar necesario o, ya puesto en gesto de soberbia, su carácter de necesidad única e imprescindible. Se aviene y acrecienta con la especulación financiera y letrada y urde y se avecina con todo tipo de ritos y academias rebeldes u ortodoxas. Hablarle de política es como mentar la soga en casa del verdugo.
La Inteligencia, ya como herramienta ya como mirada, como modo de estar en la vida, es el hambre, pues del hambre brota a la manera cierta que el árbol surge de la semilla de árbol si bien es dado que en condiciones de desierto social se pueda hacer presente también como sed. Hambre y sed de justicia. Como fruto del apremio la inteligencia urge para encontrar, dijo Juan Ramón, el nombre de las cosas, es decir, el mecanismo de su construcción y andadura. Al contrario de la energía, la inteligencia sí se crea y se destruye y es su ley que en condiciones de autosatisfacción tiende a desaparecer o a transformarse en oquedad mental y verborrea estética. Mengua y se corrompe con el mercadeo social y sus enemigos son el demonio, el mundo y el premio Planeta. (Todo escritor sumergido en el premio Planeta experimenta en la venta de sus libros un empuje vertical hacia arriba igual al peso de la inteligencia que el premio desaloja). Se afila en el contratiempo, el combate, el asalto, el silencio y el exilio. Desnuda más que arropa, deshincha más que inflama. Se oxida si no se ejerce y no ejerce si no dialoga. Por instinto sospecha si no encuentra resistencia y aunque no rechaza el sentimiento procura navegar en camarotes distintos. Tiene piel y tacto pero no olvida que la ternura es el borde de la muerte y del poema.
L’art de l’intelligence et l’intelligence de l’art. Pierre Audat. Traducción de Martín López Guerra.
Ejercicio para hoy: Trate de escribir un monólogo (exterior) de un personaje, sea varón o hembra, dirigido a su cónyuge recién fallecido y todavía de cuerpo presente. El texto debe atenerse a una sola condición: el sujeto monologante debe ser una persona de inteligencia media baja aunque sin llegar a la imbecilidad mental y manteniéndose en niveles mediocres pero socialmente tolerables. Ejemplos recomendados: Charles Bovary en Madame Bovary, Carmen en Cinco horas con Mario, Jordi en El intelectual melancólico.



Sei grande.
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