Contratapa, que algo queda.
La contra de cubierta es un género editorial que se mueve entre el epitafio, el certificado de bautismo y la carta de recomendación. Tiene de epitafio el hecho de que alguien ajeno escribe sobre tu última página el resumen de tu vida. A veces, eso sí, si el editor es hospitalario deja que el autor y la autora intervengan y dicten el contenido de ese punto y final. Como certificado de bautismo la contra recoge los datos imprescindibles para que el libro circule por la vida civil: nombre y apellidos, filiación, fecha y lugar de nacimiento, raza, religión e ideología, género y diferencia específica, vocación y target. Como carta de recomendación ofrece encomios y alabanzas que puedan resultar atractivas para ese público al que tanto quiero y tanto amo: el brillo y tersura de la piel, agilidad y ritmo, voz seductora, ese ligero defecto tan resultante, su buena educación y empaque, la expectativa de éxito como certificado de nobleza.
La contra es el género propio de nuestro (aunque de nuestro tiene poco) tiempo: suma la ficción con el documento, el testimonio con el delirio, la mentira con el deseo, la crítica con el halago, el mañana con el retorno, el canto con el silencio, la publicidad con la autoayuda, el imperativo con la ausencia, los adjetivos con el capital simbólico, la biografía con la cuenta corriente, la identidad con el autobombo, el blog con la unidad de destino en lo universal, la literatura con la casa de citas, el éxito con la existencia, la lista de libros más vendidos con el club de los editores muertos.
Si Kant dijo aquello de que mentir solo está permitido cuando un autor te pregunta por el juicio que te ha merecido su libro, la contra es ese vicio impune donde los editores dejan de ser críticos frustrados y ponen gesto de escritores sin vergüenza ni reparos. La contra es el género patético por antonomasia porque deja patente las carencias, el estilo y el deseo hacia el best-seller de tu prójimo. La contra es un mensaje de miedo escrito con sangre venal, encerrado en una botella opaca y arrojada al mar mercantil.
Porque los enemigos del editor son tres: el éxito, el fracaso y la cuenta de resultados. Y siete sus pecados capitales: las erratas, las sangrías, la contratapa, las devoluciones, el presupuesto, la vanidad y las comidas de trabajo.
Martín López Navia: El editor editado. Edit. Penalufre. Lugo 2012.
Ejercicio para hoy: Escriba la contra de cubierta para una novela que va a publicar aun pensando que la novela es una mierda pinchada en un palo pero en un palo con crimen, misterio y con una atractiva y culta librera en plan detective. Lectura recomendada: El príncipe. Maquiavelo.



Una definición feliz de la contra de cubierta es la que tomó Luis Chitarroni de Enrique Pezzoni cuando trabajaron juntos en Sudamericana. Venía a decir que no había que hablar del libro que habías leído sino del que te habría gustado leer… Dicho esto, me quito el sombrero ante la contra-intervención de «Una belleza vulgar». ¡Soberbia!
Parece que lo tienes bien claro. ¿Ya has editado? Yo no, por lo que aun leyéndote, me suena todo a chino y algo a príncipe, por lo de maquiavelo. No, escrito está bastante bien. ¡Buenooo! Bien, bien, pero el tema me ha dicho menos de lo que esperaba. Igual espareba demasiado. Ha sido un placer leerte. Un saludo
Meli Green, de tanto andar entre libros, ve tramas vedados para la mayoría. Su imaginación rellena los huecos. Su intuición la lleva siempre al sitio pertinente. Su agudeza desenvuelve sis-temáticamente la enigmática maraña.
Un hipotético accidente doméstico. Una anciana que, al parecer, se ha precipitado escalera (exterior) abajo. Un hijo excesivamente sumiso. Una nuera nervuda. Un hermano casi senil. La vecina que (de alguna forma) la vio caer…
La sensual (aunque tierna) señorita Green entra en escena con un libro: ése que la anciana señora le había encargado. Se detiene junto a la ambulancia y entreabre la boca. A partir de aquí, cada página nos deparará una nueva sorpresa. Una historia imposible con un desenlace impredecible. El suspense hecho libro…