Mi reino por un caballo

Blog de la editorial Caballo de Troya. Director editorial: Constantino Bértolo

Mi reino por un caballo

El espía que surgió del Bourbon.

septiembre 30th, 2012 · 12 Comments · Caballo de Troya

 

En su libro Creating Faulkner’s Reputation: The Politics of Modern Literary Criticism, Lawrence Schwartz afirmó que el ascenso de Faulkner a la fama durante los años 40 y 50 estuvo relacionado con un proyecto cultural de la Guerra Fría que promovió el modernismo anglo-sajón “como un instrumento del anticomunismo”. Su primer viaje fue en agosto de 1954, pocas semanas después de que la CIA derrocara al gobierno de Guatemala, dentro de un programa del Departamento de Estado norteamericano para mejorar la imagen de sus relaciones con América Latina. Hizo una escala en la embajada de Lima, donde brindó una exitosa conferencia de prensa, y viajó junto a Robert Frost a participar de un congreso internacional de escritores en San Pablo, Brasil, en el que el Departamento de Estado concentraba sus expectativas. Pero apenas llegó el 8 de agosto, comenzó a beber en exceso —el abuso del alcohol lo acompañó durante gran parte de su vida— y al día siguiente no participó de ninguna e las reuniones. A duras penas logró mantenerse de pie durante una breve aparición en la recepción que le dedicaron en su honor, tenazmente vigilado por los funcionarios norteamericanos. Esa noche continuó bebiendo en el hotel hasta el borde del coma etílico, por lo que debió ser atendido a la mañana siguiente. Se informó públicamente que “la reaparición de una  vieja herida de guerra lo había incapacitado para asistir a las sesiones”, excusa derivada de otra mentira. Cuando Faulkner fue a alistarse lo rechazaron por su baja estatura, pero durante el resto de su vida alentó la idea de que había participado en la  Segunda Guerra. Suspendida la mayoría de las actividades programadas, Faulkner asistió a unas pocas ceremonias y tomó el vuelo de regreso con escala en Caracas, donde logró brindar una conferencia de prensa. Fue “una semana angustiante”, dijo el informe oficial de la USIS (el Servicio Informativo y Cultural de Estados Unidos). Todos los funcionarios “estuvieron constantemente junto a él durante su estadía   para evitar cualquier incidente mayor  y toda cobertura de prensa desfavorable que pudiesen realizar  los periódicos comunistas” “No se alcanzó el máximo resultado de la visita del Sr. Faulkner -escribió John Campbell- y los frutos de sus visitas no guardaron proporción con la inversión financiera realizada por el Gobierno de Estados Unidos.

El segundo viaje lo realizó a Venezuela el 2 de abril de 1961, a pedido del Departamento de Estado para promover “un mejor entendimiento cultural”. Entonces Estados  Unidos refugiaba en Miami al dictador Marcos Pérez Jiménez, Legión de Mérito por sus actividades anticomunistas, pero expulsado de Venezuela en 1958; acababa de bajarle al país caribeño una cuota en las importaciones de crudo y en la última visita de Nixon la comitiva había sido atacada por manifestantes. Faulkner aceptó la invitación señalando que “había esperado que la nueva administración [Kennedy]  ya hubiese elaborado para aquel tiempo una política exterior. Entonces amateurs como yo (los reacios) no necesitaríamos ser enviados al frente”.

En Caracas Faulkner se reunió varias veces con el presidente Betancourt, Rómulo Gallegos, Uslar Pietri, Juan Bosch y Arturo Croce. Un gran despliegue de prensa le permitió conquistar al público, eludió con soltura las preguntas más incómodas de los periodistas y fue condecorado con la Orden Andrés Bello, para lo cual preparó un discurso que leyó en español. Esta vez las autoridades norteamericanas quedaron plenamente satisfechas y Faulkner regresó a Oxford el 18 de abril, un día después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba.

                                                                                     El País. Montevideo. 21/09/2012

 

Ejercicio para hoy: El final de la guerra fría con la derrota del imaginario comunista trastocó profundamente la poética de John Le Carré por cuanto una gran mayoría de artistas, escritores e intelectuales, aún sin tener plena conciencia de ello, estaban, objetivamente considerada la cuestión, trabajando gratis para la ideología triunfante. La CIA ya no necesitaba, al menos en los territorios culturales de Occidente, ni reclutar ni pagar  colaboradores, y esta gratuidad inevitablemente significaba desde el punto de vista literario la introducción de una poética distinta, menos monetaria y más fiduciaria. Partiendo de esta premisa elabórese una sucinta trama de espionaje en la que el sujeto espía ejerza su función sin tener conciencia de ello. Se puntuará positivamente si como fondo de la acción narrativa se elige un escenario próximo al de los movimientos del 15M.

Lectura recomendada: Nuestro hombre en La Habana. Graham Greene.

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12 Comments so far ↓

  • P.L. Salvador

    Jamás entenderé lo de Faulkner. Es que tengo cuatro obras suyas que no me gustan nada-nada. El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario y otra más. En fin, me resulta difícil imaginar que alguien pueda disfrutar con este autor.

    Ah, sí, hacía tiempo que no me dejaba caer por aquí. Como me fui de Megustaescribir… Pero mañana le enviaré el original (que está esperando [al menos eso espero]) y por eso me he dado una vuelta por aquí. Y me alegro…

    Un cordial saludo

  • caballodetroya

    pues por aquí estamos de nuevo.

  • Ángel Herrero López

    Para escribir esa sucinta trama de espionaje que usted demanda ni siquiera es necesario recurrir a la ficción. El otro día, en una concurrida plaza coruñesa, un chaval muy majo me endilga un pasquín (he estado a punto de escribir “flier”, eso sí que sería trabajar para el enemigo, oiga) al grito de “Por si te apetece enviar un político al paro”. Echo un vistazo a la cuartilla –que ya no conservo; es una pena– y descubro que el chaval en cuestión (su organización, vamos) pretende que el respetable electorado vote en las próximas elecciones autonómicas por una opción política “revolucionaria”, consistente en vaciar un escaño (o varios, dependiendo del éxito de la iniciativa) que previamente se habrá conquistado en las urnas. “Vote usted por Escaño Vacío, recuerde a los políticos que cualquiera puede ser el siguiente”. Ese sería el resumen del planteamiento.
    No pude resistir la tentación de preguntarle a aquel chaval si no trabajaba en secreto para Núñez Feijóo. Como vi que no acababa de entenderme, le aclaré que el presidente de la Xunta también ha manifestado recientemente su intención de reducir el número de diputados en el parlamento gallego. Me devolvió una cara de póker terrible. Concluyo que el pobre ni siquiera concibe la posibilidad de estar, de facto, trabajando para el enemigo.

    P. D. Me temo que todavía somos muchos los que disfrutamos, hemos disfrutado y seguiremos disfrutando con Faulkner. Aún amanece, que no es poco.

  • Claridad

    Por qué no se explica usted mejor, señor Bértolo? Déjese de tanta oscuridad y diga qué quiere decir, porque no se le acaba de entender.

  • caballodetroya

    Soy de los que opino que muchas veces un exceso de claridad no deja ver (sobre todo al que no tiene ningún interés en ver sino en todo lo contrario) pero por una vez y sin que sirva de precedente trataré de ser marx claro: aproximadamente un 90% de nuestros intelectuales trabajan gratis para la CIA y de ellos al menos un 50% no lo saben. Otrosí: al menos un 75% de intelectuales de Izquierdas trabajan gratis para la CIA y no lo saben.

  • P.L. Salvador

    Pol está indignado. El sistema no funciona. La estructura social moderna (que ahora es contemporánea) zozobra lenta pero progresivamente. No sabe qué hacer. Debe por tanto unirse a los demás. El adalid definitivo surgirá espontáneamente.
    Pol es un idealista (que aún tiene padre [y madre]). Acaba de terminar carrera y se ha tomado un tiempo para reflexionar. Puede permitírselo, pues su familia (supuestamente liberal) atraviesa una situación económica envidiable.
    Pol se viste de indignación. Se fusiona (a tiempo parcial) con la indignada tropa. Uno para todos. Absorbe el sentir de la masa, lo asimila y vomita en casa (sobre la bienquista mesa patriarcal [siempre respetuosamente {aplicando una más que correcta vehemencia}]) la esencia del asunto.
    Pol mira a su amado padre. Qué suerte: le escucha con tanto interés
    Y el cabeza de familia asiente y asiente y asiente (el rostro siempre parcamente indignado [lo justo]) mientras memoriza la valiosa información.

  • P.L. Salvador

    Sé que Faulkner y Márquez son casi sagrados (para muchos). No pongo en duda sus capacidades, pero (yo) no disfruto con sus obras. Lo mismo me pasa con M. Molina. Si hubiera leído 100 libros, no diría nada; como en mi biblioteca particular tengo más de 1000 (el 90% leídos), creo que puedo dar mi opinión (de lector). Es más, me parece que (dadas las circunstancias) está bien, por aquello de la variedad…

  • P.L. Salvador

    Pues no estoy solo: entrevista a Fernando Vallejo.

    Periodista: Alguna vez dijo, y es algo que se comprende perfectamente en función de su obra, que la literatura es ante todo ritmo. ¿Qué autores fueron significativos, respecto de ello, en su formación? ¿También en su caso Faulkner era el norte, la revelación constante?

    Fernando Vallejo: Ninguno. Y a mí no me gusta Faulkner: era un novelista de tercera persona, a los que detesto, y su mundo, el sur fanático y pobre de los Estados Unidos, ya no existe. Hoy Faulkner no tiene vigencia, si es que alguna vez la tuvo. Y sí, la literatura es ante todo ritmo, descubrimiento que he hecho solo, pues aunque estudié Filosofía y Letras, y en facultades muy prestigiosas como las de las universidades colombianas Nacional y de Los Andes, en ellas no me enseñaron nada. No sé de dónde les resultó el prestigio. Puro cuento».

    (http://www.lanacion.com.ar/1505765-fernando-vallejo-el-vacio-de-la-vida-yo-lo-lleno-de-ilusiones-y-humo)

  • caballodetroya

    sobre gustos hay miles y miles de libros escritos. A mí, personalmente, mi gusto no me gusta mucho.

  • Marlene M. Izquierdo O.

    Independiente del mito de gloria de Faulkner, realmente disfruto de su literatura por que?
    porque siempre consigo belleza, irrugularidad en el sitio menos esperado, como un botellazo en la nuca despues de un beso de esos que cinco minutos despues, sigues medio perdido.
    Adoro a Faulkner, pero no por el sindrome de oveja que sigue al rebano, en cambio, por lo arriesgado… lo triste, lo poetico, lo insalvable.
    Increible este post, y la coincidencia de haberle encontrado.
    Saludos desde Vzla.

  • caballodetroya

    pues saludos también de nuestra parte.

  • P.L. Salvador

    De acuerdo, rectifico (aunque no sea sabio): Faulkner es original, sutil, indispensable. Esto lo afirma el P.L. escritor. Sin embargo, el otro, que a veces lee de otra forma, buscando un placer sencillo aunque embriagador, ese que solo-sólo lee, no lo ve así: porque el amigo William es un pesimista contagioso (y, tal vez, peligroso).
    En otro orden de cosas, acabo de empezar La cena de los notables y ya babeo. Objetivísimo. Original, sutil, indispensable: especialmente escrito para escritores (y lectores avezados). Y ¡no! es coba.
    (Lo del botellazo es muy acertado, y si no que se lo digan a Popeye [Santuario].)

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