El periodista intelectual –o el intelectual que trabaja de periodista- es un perro indefenso. Si la suerte lo ungió de suficiente capital económico para un buen pasar que solvente sus costos culturales, adolece de suma dependencia para construir capital simbólico. Para colmo está comprometida una de sus fuentes de supervivencia que es la industria cultural, [...]

